En muchos países se celebra el mes
de la Biblia en septiembre, basados en dos razones: El 30 de Septiembre es la celebración
del día de San Jerónimo, quien a petición del Papa Dámaso realizó IV d.C., una traducción
de las Sagradas Escrituras al latín, que tuvo una rápida difusión y gran aceptación,
a eso se debe su nombre de Vulgata, que en latín significa divulgada. A San Jerónimo
pertenece la afirmación: “Quien desconoce las Escrituras, desconoce a Cristo”. Y
a raíz de tan importante acontecimiento se le nombró patrono de los exégetas y de
los traductores.
En las Iglesias protestantes se celebra
también en septiembre porque el 26 de Septiembre de 1569 se terminó de imprimir
la primera Biblia traducida al español por Casiodoro de Reina llamada “Biblia del
Oso”. Se llamaba así porque la tapa de esta Biblia tenía un oso comiendo miel desde
un panal. Esta traducción, fue revisada tiempo después por Cipriano de Valera, y
esta versión publicada por ellos es conocida con el nombre de “Reina Valera”. En
aquel tiempo fueron publicados 260 ejemplares en Basilea, Suiza.
La labor de la Sociedad Bíblica Católica
Internacional (SOBICAIN), la cual nació en 1924 fundada por el Padre Santiago Alberione,
y cuyo propósito es dar un servicio a la Iglesia universal mediante la difusión
de la Palabra de Dios, fue aprobada por el papa Juan XXIII el 14 de Octubre de 1960.
En Venezuela, el mes de la Biblia
es octubre, para conmemorar la fecha de fundación de Sociedad Bíblica Católica
Internacional (SOBICAIN), que opera en Venezuela desde l992 y está realizando un
encomiable apostolado bíblico promoviendo el estudio para el conocimiento integral
de la Biblia, con clases presenciales y a distancias, talleres bíblicos, entre
otros.
Santiago Alberione (1884-1971)
El P. Santiago Alberione, Fundador
de la Familia Paulina, fue uno de los apóstoles más creativos del siglo XX. Nacido
en San Lorenzo di Fossano (Cúneo, Italia) el 4 de abril de 1884, recibió el bautismo
al día siguiente. La familia Alberione, compuesta por Michele y Teresa Allocco más
seis hijos, pertenecía a la clase campesina, era profundamente cristiana y trabajadora.
El pequeño Santiago, cuarto de los
hijos, experimenta pronto la llamada de Dios: el primer año de la escuela elemental,
al preguntarle la maestra qué hará cuando sea mayor, respondió: “Quiero ser cura”.
Los años de la niñez se orientan en esa dirección.
Trasladada la familia al pueblecito
de Cherasco, parroquia de San Martín, diócesis de Alba, el párroco don Montersino
ayuda al adolescente a tomar conciencia y a responder a la llamada. A los 16 años,
Santiago es admitido en el seminario de Alba y enseguida se encuentra con quien
le será padre, guía, amigo y consejero durante 46 años: el canónigo Francisco Chiesa.
Al término del Año Santo 1900, habiéndose
sentido interpelado por la encíclica de León XIII “Tametsi futura”, Santiago vive
la experiencia determinante de su vida. La noche del 31 de diciembre de 1900, puente
entre los dos siglos, el joven seminarista reza cuatro horas seguidas ante el Smo.
Sacramento y proyecta en la luz de Dios su futuro. Una “luz especial” le vino de
la Hostia, y desde aquel momento se siente “profundamente obligado a prepararse
para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo”: “obligado a servir
a la Iglesia” con los nuevos medios que el ingenio humano presentaba.
El itinerario del joven Alberione
prosigue intensamente durante los años del estudio de la filosofía y la teología.
El 29 de junio de 1907 es ordenado sacerdote. Sigue una breve pero decisiva experiencia
pastoral en Narzole (Cúneo), como vicepárroco. Allí encuentra al jovencito José
Giaccardo, que para él será lo que fue Timoteo para el apóstol Pablo. Y también
allí, el P. Alberione madura la comprensión de lo que puede hacer la mujer implicada
en el apostolado.
En el seminario de Alba desempeña
el cargo de Padre espiritual de los seminaristas mayores y menores, y da clases
de varias asignaturas. Se presta para la predicación, catequesis y conferencias
en diversas parroquias de la diócesis. Dedica asimismo mucho tiempo al estudio sobre
la situación de la sociedad civil y eclesial de su tiempo y sobre las nuevas necesidades
que se entrevén.
Comprende que el Señor le guía a una
misión nueva: predicar el Evangelio a todos los pueblos, en el espíritu del apóstol
Pablo, utilizando los medios modernos de comunicación. Atestiguan tal orientación
dos libros suyos: Apuntes de teología pastoral (1912) y La mujer asociada al celo
sacerdotal (1911-1915).
Dicha misión, para tener carisma y
continuidad, debe ser asumida por personas consagradas, pues “las obras de Dios
se hacen con los hombres de Dios”. Y así, el 20 de agosto de 1914, mientras en Roma
muere el papa Pío X, en Alba el P. Alberione da inicio a la “Familia Paulina” con
la fundación de la Pía Sociedad de San Pablo. El comienzo es pobrísimo, de acuerdo
con la pedagogía divina: “empezar siempre desde un pesebre”.
La familia humana —en la que el P.
Alberione se inspira— está compuesta de hermanos y hermanas. La primera mujer que
sigue al P. Alberione es una muchacha veinteañera de Castagnito (Cúneo): Teresa
Merlo. Con su aporte, Alberione da comienzo a la congregación de las Hijas de San
Pablo (1915). Lentamente la “Familia” se desarrolla, las vocaciones masculinas y
femeninas aumentan, el apostolado se delinea y toma forma.
En diciembre de 1918 se produce una
primera partida de “hijas” hacia Susa (Turín): empieza una intrépida historia de
fe y de iniciativas, que engendra incluso un estilo característico, denominado “a
la paulina”. Este camino parece interrumpirse en 1923, cuando el P. Alberione enferma
gravemente y el diagnóstico de los médicos no deja esperanzas. Pero el Fundador
reemprende milagrosamente el camino: “San Pablo me curó”, comentará después. Por
entonces aparece en las capillas paulinas la frase que, en sueño o en revelación,
el divino Maestro dirige al Fundador: “No temáis - Yo estoy con vosotros - Desde
aquí quiero iluminar - Caminad en continua conversión”.
Al año siguiente viene a la vida la
segunda congregación femenina: las Pías Discípulas del Divino Maestro, para el apostolado
eucarístico, sacerdotal, litúrgico. A guiarlas en la nueva vocación, el P. Alberione
llama a la joven Hna. Ma. Escolástica Rivata, que morirá a los noventa años en olor
de santidad.
En el campo apostólico, el P. Alberione
promueve la impresión de ediciones populares de los Libros Sagrados, y con las publicaciones
periódicas se lanza a las formas más rápidas para hacer llegar el mensaje de Cristo
a los lejanos. En 1912 ya había aparecido la revista Vida Pastoral destinada a los
párrocos; El Domingo, hojita semanal para la animación de la liturgia dominical,
sale en 1921; en 1931 nace Familia Cristiana, revista semanal con la finalidad de
alimentar la vida cristiana de las familias. Seguirán: La Madre de Dios (1933),
“para desvelar a las almas las bellezas y las grandezas de María”; Pastor bonus
(1937), revista mensual en latín; Camino, Verdad y Vida (1952), revista mensual
para dar a conocer y enseñar la doctrina cristiana; La Vida en Cristo y en la Iglesia
(1952), con el fin de hacer “conocer los tesoros de la Liturgia, difundir cuanto
sirve a la Liturgia, vivir la Liturgia según la Iglesia”. El P. Alberione piensa
también en los muchachitos: para ellos empieza a publicar en 1924 Il Giornalino.
Se pone mano asimismo a la construcción
del gran templo dedicado a san Pablo en Alba. Seguirán los otros dos a Jesús Maestro
(en Alba y Roma) y el santuario a la Reina de los Apóstoles (Roma). Sobre todo se
mira a salir de los confines locales y nacionales. En 1926 nace la primera Casa
filial en Roma, seguida en los años sucesivos por muchas fundaciones en Italia y
en otras naciones.
Entretanto crece el edificio espiritual:
el Fundador inculca el espíritu de entrega mediante “devociones” de fuerte dinamismo
apostólico: a Jesús Maestro y Pastor “Camino y Verdad y Vida”, a María Madre, Maestra
y Reina de los Apóstoles; a san Pablo apóstol. Es precisamente la referencia al
Apóstol lo que califica en la Iglesia a las nuevas instituciones como “Familia Paulina”.
La meta ansiada por el Fundador como primer empeño, es la conformación plena con
Cristo: acoger todo el Cristo Camino y Verdad y Vida en toda la persona, mente,
voluntad, corazón, fuerzas físicas. Orientación codificada en el librito Donec formetur
Christus in vobis (1932).
En octubre de 1938 el P. Alberione
funda la tercera congregación femenina: las Hermanas de Jesús Buen Pastor o “Pastorcitas”,
destinadas al apostolado pastoral directo en auxilio de los Pastores.
Durante el obligado paréntesis de
la segunda guerra mundial (1940-1945), el Fundador no se detiene en su itinerario
espiritual. Va acogiendo en medida creciente la luz de Dios en un clima de adoración
y contemplación. De ello son testimonio los Cuadernillos espirituales, en los que
anota las inspiraciones y los medios que adoptar para responder al proyecto de Dios.
En esta atmósfera espiritual nacen las meditaciones que cada día dicta a los hijos
e hijas, las directrices para el apostolado, la predicación de incontables retiros
y cursos de ejercicios (recogidos en sendos opúsculos). El empeño del Fundador es
siempre el mismo: hacer comprender a todos que “la primera preocupación en la Familia
Paulina será la santidad de la vida, la segunda la santidad de la doctrina”. A la
luz de esto hay que entender su Proyecto de una enciclopedia sobre Jesús Maestro
(1959).
En 1954, recordando el 40 aniversario
de fundación, el P. Alberione aceptó por primera vez que se escribiera de él en
el volumen Mi protendo in avanti, y consintió en facilitar algunos apuntes suyos
acerca de los orígenes de la fundación. Surgió así el librito Abundantes divitiæ
gratiæ suæ, que se considera como la “historia carismática de la Familia Paulina”.
Familia que fue completándose entre 1957 y 1960, con la fundación de la cuarta congregación
femenina, el Instituto Regina Apostolorum para las vocaciones (Hermanas “Apostolinas”),
y de los Institutos de vida secular consagrada: San Gabriel Arcángel, Virgen de
la Anunciación, Jesús Sacerdote y Santa Familia. Diez instituciones (incluidos los
Cooperadores Paulinos), unidos todos ellos por el mismo ideal de santidad y de apostolado:
la reafirmación de Cristo “Camino, Verdad y Vida” en el mundo, mediante los instrumentos
de la comunicación social.
A lo largo de los años 1962-1965,
el P. Alberione es protagonista silencioso pero atento del Concilio Vaticano II,
a cuyas sesiones participa diariamente. Entre tanto, no faltan tribulaciones y sufrimientos:
la muerte prematura de sus primeros colaboradores, Timoteo Giaccardo y Tecla Merlo;
la preocupación por las comunidades en países con dificultades y, personalmente,
una martirizadora escoliosis, que le atormentaba noche y día.
Vivió 87 años. Cumplida la obra que
Dios le había encargado, el 26 de noviembre de 1971 dejó la tierra para ocupar su
sitio en la Casa del Padre. Sus últimas horas se vieron confortadas con la visita
y la bendición del papa Pablo VI, que nunca ocultó su admiración y veneración por
el P. Alberione. Es conmovedor el testimonio que dio de él en la audiencia concedida
a la Familia Paulina el 28 de junio de 1969 (el Fundador tenía 85 años):
“Miradlo: humilde, silencioso, incansable,
siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos, que van de la oración a
la acción, siempre atento a escrutar los “signos de los tiempos”, es decir, las
formas más geniales de llegar a las almas... Nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia
nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar su apostolado,
nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión
en el mundo moderno y con los medios modernos. Deje, querido P. Alberione, que el
Papa goce de esta prolongada, fiel e incansable fatiga y de los frutos por ella
producidos para gloria de Dios y bien de la Iglesia”.
El 25 de junio de 1996, el papa Juan
Pablo II firmó el Decreto con el que se reconocen las virtudes heroicas del futuro
Beato.